“Me está haciendo mucho bien y no se está dando ni cuenta”, pienso cuando encuentro a un brasileño/a fuera de Brasil. De los buenos, de los que llevan poco tiempo por aquí o incluso están de paso. Esos que todavía no se han ‘contaminado’ del estilo de vida frío y formal de la mayoría de los países de Europa.

No quiero decir con esto que no me guste estar y relacionarme con los que llevan muchísimos años… ¡me encanta! Pero la chispa esa que tienen los recién llegados me hace sentir realmente en Brasil.




Me pasó hace unos días en Francia. Fui a Niza para hacer un trabajo y participar como jurado en un concurso de misses. Sí, misses. Soy totalmente contraria a ese tipo de cosas porque para mí dañan la imagen de la mujer, pero tengo que reconocer que en algunos casos son necesarios. Como en este. Buscábamos a la representante de una empresa de bikinis brasileña y, claro, no podía ser cualquiera. Reconozco que aprendí, que rompí estereotipos y que me lo pasé bien. La vida está para eso… 🙂

Una tarde de playa en Vitória (Espirito Santo)

Una tarde de playa en Vitória (Espirito Santo). Foto: Virtudes Sánchez

 

El caso es que además de unos cuantos franceses, por supuesto, pasé casi una semana con los dueños de la empresa y otros brasileños que trabajan con ellos. Fue como un viaje imaginario. Como teletransportarme 😀 Entonces se me ocurrió escribir sobre las cosas que me hacen bien de los brasileños, que me aportan conocimiento, madurez, tranquilidad, sensatez, paz… en definitiva, desarrollo personal. Voy a intentar hacer un listado, pero seguro que me dejo algo. Ahí van:

1. Me dan calma, me enseñan que la vida no tiene por qué ser tan rápida y pasar tan acelerada. Las cosas buenas hay que disfrutarlas e interiorizar que las malas no son definitivas. Siempre se puede dar, como dice la canción, una “volta por cima”, o sea, invertir la situación y salir airoso y reforzado.

2. Me ayudan a entender que no toda conversación tiene que derivar en debate, polémica o discusión. En España a veces tengo que respirar profundo antes de hablar con ciertas personas. Preguntas o comentarios sobre política, por ejemplo, pueden acabar en pelea fácilmente.

¿Tú quieres perder tu equilibrio por una cosa que no va a cambiar tu vida en absolutamente nada?, me pregunto muchas veces. No. Entonces me hago la tonta y digo: “No sigo la política española, es muy aburrida”, y me río por dentro por haber sido capaz de esquivar una lucha verbal inútil con personas que se sienten cómodas mientras están alteradas. Y, claro, por supuesto que sigo la política española, faltaría más 😀

3. Me animan a aprovechar la vida, arriesgarme y disfrutar. Un compañero al que siempre encontraba en Maracaná me decía: “Sal y disfruta”. Como si fuera un entrenador y yo jugara al fútbol. En realidad era mucho más simple. Acababa el partido y había que bajar a la rueda de prensa, eso sí… ¡a lo torero! Nada de tonterías 😀

Paredes pintadas en la favela de Vidigal (Rio de Janeiro). Foto: Virtudes Sánchez

Paredes pintadas en la favela de Vidigal (Rio de Janeiro). Foto: Virtudes Sánchez

 

4. Me recuerdan que te puedes equivocar y pedir disculpas tranquilamente sin que eso suponga contrariar el orgullo propio. No es que los brasileños sean todos perfectos ni que siempre pidan disculpas por equivocarse, no quiero decir eso. Pero sí he observado que, en muchas ocasiones, cuando responden mal o son descorteses sin motivo, suelen rápidamente girarse y decir: “Lo siento”.

5. Me incentivan a hablar sobre emociones. Si hay algo que te preocupa, te da vueltas en la cabeza y no te deja dormir, seguramente un brasileño lo detectará rápidamente. Y antes de preguntarte qué te pasa, puede que te cuente algo que le preocupa a él. Y así, queriéndolo o no, te ayude a salir de tu pozo particular. Mientras ellos, quizá, salen del suyo propio al mismo tiempo. Porque la vida está na “troca”, en el intercambio. ¿O no?

6. Me facilitan la ‘labor’ de perdonar y decir ‘te amo’dos hábitos, sobre todo el último, que a los españoles nos cuestan la sangre y la vida 😀




7. Me incitan a responder: “¡Vamos! ¿Por qué no?”. Hacer autostop, por ejemplo. Nunca en mi vida lo había hecho, no me fío de la gente que pasa por cualquier carretera.

En Niza no me quedó más remedio. Iba con una nueva amiga brasileña, Dayse. Yo le pregunté: “¿Pero no te da miedo subirte en el coche con desconocidos?” Y ella respondió: “Não filha! Aqui o povo é solidario” y soltó una carcajada. Me reí también. Pocos minutos después nos ahorramos esperar un autobús durante sepa Dios cuánto tiempo. Un ruso (con su camiseta de la selección rusa puesta y todo) nos llevó. Encantado de la vida, interesado por nuestros orígenes y con visibles ganas de encontrarnos de nuevo por algún camino de la Costa Azul francesa.

Orla de Leme desde la playa, en Rio de Janeiro. Foto: Virtudes Sánchez

Orla de Leme desde la playa, en Rio de Janeiro. Foto: Virtudes Sánchez

 

8. Me orientan inevitablemente a darle la vuelta a la tortilla. Si sale mal una vez es porque tenía que ser así para que en el futuro salga mejor. La frase que aprendí también en la fábrica de bikinis y que ya mencioné en un vídeo en el canal de Youtube: “Errar para dar certo”. Sale mal porque tenía que salir. En el siguiente intento sale mejor. ¿No es eso positivo? ¿Quién me iba a enseñar a mi a ver las cosas de esa manera en España? Al contrario. Siempre que vuelvo de Brasil me toca animar a todo el mundo.

La última vez que tuve que hacer la declaración de la Renta, el funcionario cuando supo que me acababa de hacer autónoma me preguntó cuál es mi sector profesional. “Soy periodista”, le dije. “Bufff… entonces lo tienes complicado”, respondió. Me salió una vena brasileña de repente: “¿Por qué complicado? Ni más ni menos que otros. Por el momento sigo comiendo y estoy segura de que me saldrán las cosas bien”. Cuánta negatividad…

9. Me reflejo en su espíritu autotodidacta y emprendedor. Brasil es el líder mundial en número de emprendedores. Eso contando cifras oficiales porque el trabajo informal está a la orden del día. Desde el vendedor de queijo coalho de la playa, que pone su brasa con 40 grados a la sombra y vive feliz porque tiene para comer todos los días, al conductor de Uber que gana un dinero extra mientras estudia con el objetivo de hacer un postgrado en el extranjero… En Brasil se buscan la vida como nadie. Si no saben algo, aprenden. Pero el desconocimiento nunca es una barrera para conseguir una meta que buscan.

10. Me convierto en una persona más positiva a su lado. “A vida segue”, a “fila anda”… son expresiones brasileñas muy utilizadas. Que pasa algo malo y la persona está deprimida… “a vida segue”. Que te deja el novio y caes en una tristeza infinita… “a fila anda”, o sea, no es el único. Hay más. Solo hay que poner la cola a andar, como dice Ivete Sangalo 😀

BONUS TRACK: abrazar y que te abracen como terapia. ¡Energía positiva siempre! Cuando encuentro a brasileños fuera de Brasil y no me dan un abrazo ¡ME ENFADO! “Como assim? Eu quero um abraço brasileiro pô!” 😀

¿Cómo no quedarse con las cosas buenas de los brasileños si puedes aprender tanto de ellas?

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