Haya paz, ante todo. Bandera blanca. Soy española, adoro Brasil y allí siempre me confunden con argentina. Tantas veces me sucede esto que lejos de molestarme me ha creado curiosidad. ¿Se parecerán Buenos Aires y Rio de Janeiro? ¿Tendrá algo que ver la vida en Argentina con la vida en Brasil? Algún día resolveré este ‘misterio’. Por el momento veo la relación entre brasileños y argentinos desde fuera y al mismo tiempo desde dentro.




Lo que tengo claro es que el conflicto entre los países vecinos no solo tiene relación con una disputa futbolística como suelen decir. Pelé, Maradona… ¿quién fue mejor? Para mi es una estupidez. Hay debate, por supuesto, y un poco de resquemor también. Pero la ‘guerra’ entre argentinos y brasileños va mucho más allá.

Se trata de valores, de formas de ver la vida, de idiosincrasias que chocan como un iceberg contra un glaciar. Y tras la colisión los pedazos estallan en varias direcciones. Ya sea en forma de provocación, haciendo más grande el problema, o en pelea y muerte.

Más allá de los desencuentros históricos por luchas territoriales tras la independencia de varios países de América Latina (guerra argentino-brasileña de Cisplatina también conocida como Guerra del Brasil por el control de Uruguay entre 1825 y 1828) y de intereses contrapuestos en el mercado internacional, está el trato diario, la conexión que están obligados a tener unos y otros debido al turismo y al trabajo.

De los 6,6 millones de turistas extranjeros que Brasil recibió en el año 2016, 2,1 eran argentinos. El segundo país que más turistas envió fue Estados Unidos con 600.000. La diferencia es enorme. Detrás aparecen, en este orden, Chile, Paraguay, Uruguay, Francia, Alemania, Italia, Inglaterra, Portugal y España con números mucho más reducidos.

Los brasileños están condenados a entenderse con los argentinos puesto que son ellos quienes mueven el mercado turístico. Aunque les pese. Porque les pesa… Preferirían recibir más estadounidenses, ingleses (es curiosa la expresión “para inglés ver”), alemanes, franceses o italianos. Esto va como por castas. Igual que en España, donde preferimos alemanes a rumanos o americanos antes que africanos. Cada uno tiene lo suyo 😉

Un chico tomando el sol en la playa de Ipanema. Foto: Virtudes Sánchez

Un chico tomando el sol en la playa de Ipanema en Rio de Janeiro. Foto: Virtudes Sánchez

 

El argentino, en general, no está bien visto en Brasil, según yo misma he podido comprobar. En todos mis viajes he sido muy bien tratada (salvo casos excepcionales). No tengo queja alguna. Al contrario. Sin embargo, cuando alguien cree que soy argentina se contiene como maldiciendo por dentro: “¡Porteña!”. Porque esa es otra, para la mayoría de brasileños argentino y porteño son sinónimos.

En el momento en el que digo que soy española la cara de la inmensa mayoría cambia radicalmente. He oído de todo. Que se me vengan rápido a la cabeza recuerdo frases como estas:

– “Melhorou! Ainda bem que você é de um pais desenvolvido (“¡Mejoró! Menos mal que tú eres de un país desarrollado”).

– “Nossa! Não tem nada a ver a Argentina e a Espanha. Mesmo que a Argentina tinha sido da Espanha. Vocês tem cultura, tem educação. Eles não tem”. (“¡Madre mía! No tienen nada que ver Argentina y España. Aunque Argentina fuese de España. Vosotros tenéis cultura, educación. Ellos no tienen”).

– “Os argetinos só sabem fazer bagunça. Eu não alugo meu apartamento para eles porque acabam com tudo. Aliás também não tem dinheiro”. (“Los argentinos solo saben montar jaleo. Yo no les alquilo mi apartamento porque acaban con todo. Además tampoco tienen dinero”).

Sin contar las situaciones en las que ni siquiera tuve la oportunidad de decir que no soy argentina. Una vez en un restaurante de Copacabana, revisando los últimos vídeos que había grabado en mi teléfono, uno comenzó a reproducirse solo. No es que yo quisiera pero ya me puse a verlo.

'Calçadão' de Copacabana en Rio de Janeiro. Foto: Virtudes Sánchez

‘Calçadão’ de Copacabana en Rio de Janeiro. Foto: Virtudes Sánchez

 

El volumen estaba bajísimo. Había música. A mi alrededor solo una señora en una mesa a mi derecha. Por lo menos tres metros nos separaban. La mujer tendría unos 65 años o más. Me pareció la típica renegada con la vida que necesita quejarse y protestar por cualquier cosa algo, por cierto, nada brasileño. En España me hubiera impresionado menos, la verdad…

El caso es que la mujer me miró con cara de odio y dijo: “En Brasil tenemos normas y respeto, si tú no te sabes comportar vete a tu país. Si allí no hay respeto ni educación, lo aprendes antes de venir aquí”. La mandé un poco a tomar por saco educadamente y en portugués, pero me dieron ganas de hablarle en un castellano bien ibérico para decirle: “Querida, soy de España y aunque fuese de Argentina, allí también hay gente educada y respetuosa por lo menos más que usted”. ¡Qué horror! Cada vez que me acuerdo de esa mujer horripilante ardo por dentro.




Estaba claro que me confundió con argentina. Porque era el típico perfil de señorona de la zona sur que cuando pronuncio la palabra España o me dice: “Eu também sou espanhola, meu visavó era espanhol” (yo también soy española, mi bisabuelo era español) o me hablan de Barcelona, de Almodóvar, de Gaudí, de Picasso, de lo bonito y emocionante que es el flamenco

Percibo que lo que los brasileños odian de los argentinos es que no suelen adaptarse a las costumbres de Brasil. Y no digo todos ojo, que ya he hablado en portugués con argentinos y he hecho muchas de las cosas que un brasileño de nacimiento hace. Menos sambar con gracia, claro 😀

Sin ánimo de caer en la generalización fácil, creo que a los argentinos les encanta Brasil. Por su belleza natural, por sus costumbres, por su alegría… en cambio tienen como una ligazón muy grande a su tierra, algo que a los españoles también nos pasa, aunque en menor medida.

Si te toca un vecino argentino en Brasil seguramente no dejarás de escuchar su música a todas horas del día, quizá sus gritos (o conversaciones en alto, como queráis). De esto se quejan mucho los brasileños. Como nosotros también lo hacemos a mi no me extraña tanto…

Montan el jaleo en la calle, en los bares, en la playa, cantan, bailan sus cumbias en un intento como de dar a conocer su cultura o de hacerse notar, no sé. Y no es que me parezca mal, pero es que cuando vas a otro país, especialmente Brasil, hay que ser discreto y respetuoso. Es la norma básica para evitar conflictos.

A los brasileños no les gusta que alguien llegue y ponga desorden en su orden particular. Es decir, ellos pueden hacer lo que quieran. Cantar y bailar hasta altas horas en su casa sin importarles los vecinos, gritar por la calle, lo que quieran. Pero nosotros, extranjeros, debemos contenernos.

En España no es diferente. Claro que hay españoles que montan escándalos, que beben, que se pelean, que destrozan todo. Pero si esos mismos españoles ven haciendo algo parecido a un extranjero seguramente lo increparán o por lo menos lo mirarán con desprecio. Porque es el de fuera y ha venido a “molestar”.

Otra cosa que he percibido es que el argentino que hace negocios en Brasil busca control, productividad. Es ambicioso y si está allí es por algo. Quiere que salgan las cosas bien, ganar dinero. Por eso no soporta la calma. Es impaciente. Y el brasileño va a lo suyo. No puedes estrujarlo y obligarlo a llevar un ritmo que quizá no le corresponde porque sería como sacarlo de su hábitat de golpe estando en su propia casa.

Pedra da Gávea, en Rio de Janeiro. Foto: Virtudes Sánchez

Pedra da Gávea, en Rio de Janeiro. Foto: Virtudes Sánchez

 

Algo que el argentino no entiende es que el brasileño no reclame, no se queje, no proteste. A lo mejor esa vena ‘guerrillera’ es herencia española porque en eso también coincidimos. Pero el brasileño no quiere conflicto. “Sou de paz!” ¿Nunca habéis escuchado eso? Prefieren esperar una hora en la fila del supermercado antes que pelearse con la cajera por su lentitud.

Yo puedo compartirlo o no, puedo pensar que en España eso no sucedería. Sin embargo, cuando estoy en Brasil es así. Me adapto, espero, me aguanto e intento ver el lado positivo de no perder la calma y mantener mi mente en equilibrio. A lo mejor es demasiado espiritual, pero es una costumbre brasileña que, sinceramente, en su justa medida, me gusta 😉

El argentino podría pensar en integrarse un poco más cuando va a Brasil. En intentar, aunque cueste, no llamar la atención. Y el brasileño debe entender que su cultura y sus costumbres chocan de lleno con las argentinas, que a veces lo que ellos consideran grosero no lo es. Mucha pasión junta. Fogo demais! En el fondo se adoran, lo sé 😀

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