Una feira livre en Brasil es lo que en España conocemos como mercadillo. O rastro, como dirían en Madrid. Los vendedores colocan sus puestos en la calle de una zona concreta una vez a la semana. Suele haber diferentes productos, la mayoría comidas y bebidas.




En Río de Janeiro y otras muchas ciudades brasileñas (por no decir todas) ir a la feira es casi una tradición, además de una forma de ahorrar dinero. Las frutas y verduras que venden los comerciantes son bastante más baratas que las que puedes encontrar en un supermercado.

 

Además de economizar en la compra semanal, pasear por la feira es toda una experiencia. Observar el comportamiento de la gente, hablar con los vendedores, que te cuenten de dónde vienen los productos, cómo se cocinan, cómo se lavan, se cuecen, se ‘misturam’… es una forma de integrarse en la cultura local. Si quieres conocer y entender Brasil, estás obligado a hacer lo que los brasileños hacen.

Pasear por los puestos y ‘trocar ideias’ con la gente es una experiencia única. Solo el pueblo brasileño es capaz de saludar y sonreír ‘de graça’, sin un motivo que lo justifique más que el ser educado, agradable, simpático y alegre.

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Dependiendo de la feira, puedes encontrar de todo. Por ejemplo, en la de la Rua Ronald de Carvalho, en Copacabana, hay gente que pasa vendiendo estropajos o cepillos para barrer mientras otros cocinan tapioca, pasteles o cuecen maíz. Es una mezcla de todo para todos. Curioso, encantador… ¡excelente!

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