“Hay lugares cuya peligrosidad excede su interés o belleza”, acabo de leer en el comentario de una de las cientos de noticias sensacionalistas relacionadas con Brasil que circulan por España. Que me disculpen los compañeros de profesión que tienen que ganarse la vida titulando de una forma llamativa porque juro que puedo comprender su situación personal. Pues bien. No estoy para nada de acuerdo. ¿Renunciar a conocer Brasil por miedo? ¡Nunca!




Jamás diré que Brasil no es un país peligroso. Lo es. Sirva un dato: en 2014 fueron asesinadas 58.500 personas, la cifra más alta de los últimos siete años, según la información correspondiente al 9º anuario brasileño de seguridad pública. Todos sabemos que, desgraciadamente, también la violencia afecta más a los grupos desfavorecidos. En el caso de un turista, y aunque es cierto que últimamente se han producido algunos homicidios, lo más común no es viajar y sufrir un ataque.

Tampoco estoy de acuerdo con los brasileños que se empeñan en comparar los índices de criminalidad con los de España u otros países de la Unión Europea. Yo compararía otras cosas que benefician claramente a cualquier rincón brasileño: la humanidad de la inmensa mayoría de sus gentes, la belleza y explosividad de su natualeza, la alegría vital y espiritual, la forma de aprovechar cada segundo, la hospitalidad, su riqueza cultural, gastronómica… la positividad, el carisma… Hay tantas cosas que te perderías si desistieras a ir a Brasil por miedo…

Lo más importante para disfrutar de tu viaje a Brasil es tener en cuenta siempre que pese a todo lo que hayas podido ver en televisión, Brasil no es tan malo como lo pintan.

Es cierto que una gran parte de los brasileños están hasta el moño de sus políticos por escándalos de corrupción que claman al cielo y que tienen que reparar a base de impuestos. Pero a pesar de todo, viven lo más alegres que pueden en función de sus circunstancias personales.

No hay gente más amable y cordial con los visitantes que los brasileños. Conócelos siguiendo siempre el consejo que ya he dado en otros artículos: confía desconfiando. Detectarás a los que verdaderamente son buenas personas. Acércate a ellos, que te aconsejen, que te indiquen por dónde sí puedes ir y por donde no, deja que te den las pautas de comportamiento… Con eso y tu instinto, no debes tener problemas.

Organiza tu viaje, busca los transportes que vas a necesitar y pregúntate siempre si necesitarás un plan B. En ese caso, una segunda opción te vendrá genial para solventar cualquier contratiempo. Pero nada de esto es único y exclusivo de Brasil. Actuar de esta forma te vendrá bien en cualquier lugar del mundo. Si bien es cierto que no es lo mismo pasear por el Pelourinho de Salvador de Bahía que por la Gran Vía de Madrid… En el primer lugar tendrás que estar más atento, pero jamás con el rabo entre las piernas. Es absurdo.

VER MÁS: Cómo organizar un viaje a Brasil, primeros pasos

Turistas llegando a Morro de São Paulo (Bahía). Foto: Virtudes Sánchez

Turistas llegando a Morro de São Paulo (Bahía). Foto: Virtudes Sánchez

 

La forma despreocupada de caminar de los europeos a veces puede jugarnos malas pasadas.Eso es verdad. Yo misma tuve algunos sustos en el último viaje, y reconozco que podría haberlos evitado si no hubiera cometido algunas pequeñas imprudencias que debes evitar.

Volver a tu pensión por la noche caminando por calles oscuras. Da igual que el lugar sea un pueblo tranquilo y turístico. No te fíes de eso. No temas, pero toma precauciones.

A veces solo por ser extranjero puede haber quien quiera darte un susto. Los pivetes, por ejemplo, ¡son insoportables! Adolescentes macarrillas que pueden pararte en la calle para decirte cualquier estupidez. ¿Qué haces tú? Darte media vuelta y prácticamente salir corriendo. ¡Pues no! Según los propios brasileños, lo que hay que hacer es decirles que vas a llamar a la policía y listo. Pero claro… ¿y si me saca una navaja? ¡Que tire la primera piedra quien nunca ha pensado así!

Un consejo muy útil: si vas solo por la calle y sientes la presión de alguien (a veces puede ser fruto de tus propios pensamientos) acércate a un grupo de personas. Cuéntales que te has asustado por lo que sea y diles si puedes  caminar con ellos hasta algún punto coincidente hasta llegar a vuestro destino.

Yo misma he sentido muchas veces la protección de la gente en la calle. Muchos saben que los turistas nos sentimos desprotegidos y tratan de calmarte.

Lo ideal sería descubrir cada ciudad con personas locales. O sea, si vas a Rio de Janeiro, tratar de hacer rutas con personas de allí. Hay un montón de tours gratuitos y agentes turísticos que en realidad son profesionales de otras áreas pero que les encanta enseñar su ciudad a los extranjeros y al mismo tiempo sacarse un dinerillo extra.

Esta opción en el caso de la sede de los Juegos Olímpicos de 2016 es perfecta porque te muestran los rincones favoritos de los propios cariocas, te cuidan y al mismo tiempo haces amistad. En otros lugares más pequeños también es aconsejable hacer amigos de allí, pero probablemente no vayas a sentir ningún peligro. Hay multitud de pueblecitos idílicos perdidos por ahí que no tienen tantos problemas de seguridad como las grandes urbes.

Toma cuidado y relaxa! Los dos mensajes básicos para convertir tu viaje a Brasil en un recuerdo inolvidable 🙂

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