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Un amigo mío muy muy muy monárquico y conservador (no se va a enfadar por esto) me dijo ayer: “¿Oye, tú sabes por qué Brasil pertenecía a Portugal y no a España?” ¡Boom!




Hizo temblar mi cabeza, de repente me sentí muy ignorante. “Por el acuerdo de Tordesillas”, le dije. Pero en realidad sabía que él se refería a algo anterior. “Tienes que ver el capítulo de Isabel donde lo explica todo porque antes de ese tratado hubo otro. Los portugueses querían cargarse a los barcos españoles de Colón que iban a las Américas”, añadió. Y yo claro… “¡mándame el link ya!” 😀

Lámina de Isabel y Fernando, los Reyes Católicos.

Lámina de Isabel y Fernando, los Reyes Católicos.

Cuando llegué a mi casa me puse a ver el famoso capítulo de Isabel, que para quien no lo sepa es una serie muy conocida que retrata la vida de los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. No sé si tendrá que ver el punto de vista español, pero como yo también lo soy, voy a confiar en él.

La serie se remonta al tratado de Alcáçovas, que fue firmado el 4 de septiembre de 1479 por el representante de los reyes españoles y el Rey Alfonso V de Portugal. Este acuerdo se ratificó en Toledo el 6 de marzo de 1480 por lo que a veces se le llama ‘Tratado de Alcáçovas-Toledo’.

Entre otras cosas sirvió para poner paz después de las hostilidades que habían surgido entre los pueblos vecinos tras la Guerra de Sucesión Castellana (1475-79). Este conflicto se produjo a raíz de la muerte del monarca Enrique IV de Castilla entre los partidarios de Isabel, su hermana, que se había casado con Fernando, y los de Juana de Trastámara, su hija, casada con el rey Alfonso V de Portugal.

El rey portugués renunciaba al trono de Castilla y los Reyes Católicos se comprometían a no luchar por el poder en el país vecino. Además, se repartían algunas de las conquistas que se habían hecho hasta entonces. Castilla se quedó con las islas Canarias y Portugal con Guinea, Madeira y Azores, entre otras.

Los conflictos continuaron porque Portugal, que se había negado a financiar la expedición de Colón a las Américas, quería tener el control sobre las tierras que fueran conquistadas en virtud del tratado de Alcáçovas que, sin embargo, se refería solo a las de África y no tenía nada que ver con América ¡Pero qué morro! El chantaje, al parecer, siempre fue el mismo: o me das lo que quiero o tiro al mar a todos los marineros españoles que pasen por mi lado del océano.

La reina Isabel, que tenía mucha mano izquierda (¡qué mujer!), aceptó negociar en contra de la opinión de su marido, Fernando, que creía que Colón había pactado con Portugal traicionando la confianza de Castilla.

A ciegas y sin saber qué se iban a encontrar ni dónde iban a encontrarlo, establecieron unos límites de reparto de las nuevas tierras conquistadas.

En junio de 1494 los Reyes Católicos firmaron el Tratado de Tordesillas (actual provincia de Valladolid) con Juan II de Portugal, el hijo de Alfonso V.

El fin era acabar con las hostilidades que podían provocar una nueva guerra entre vecinos y perjudicar la colonización. De este modo, delimitaron una línea de polo a polo, 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, quedando el hemisferio oriental para la Corona de Portugal y el hemisferio occidental para la Corona de Castilla. 

Aunque al parecer otros marineros llegaron antes, se atribuye el descubrimiento de Brasil (esta palabra es común entre nosotros los europeos, pero a los americanos no les sienta muy bien que hablen de descubrir unas tierras que ya existían y estaban habitadas por indígenas) a Pedro Álvares Cabral, que informó al rey Manuel I de Portugal, primo, cuñado y sucesor de Juan II, que murió solo un año después de firmar el acuerdo con los Reyes Católicos, de que este territorio se encontraba dentro de los límites pactados con Isabel y Fernando en el Tratado de Tordesillas. Ese es el motivo por el que Brasil fue colonia portuguesa y no española.



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