Hace poco, el diario británico Daily Mail publicó una lista con los países más peligrosos para las mujeres turistas. Según una encuesta realizada por YouGov, Brasil era considerado por las propias viajeras como el segundo menos seguro después de India.





Antes de ver esta polémica publicación ya tenía en mente escribir los motivos por los que sí y por los que no recomiendo viajar sola a este país. O al menos ofrecer las conclusiones a las que me ha llevado mi experiencia. Como en todo, tampoco en este caso hay nada escrito. Pese al contraste, Brasil no es blanco o negro. No es que puedas o no puedas, debas o no debas ir sola. Todo dependerá de tus circunstancias e incluso de la zona. En general, ciudades del sur como Florianópolis o Curitiba son más seguras. No es lo mismo ir allí que a Fortaleza, Salvador de Bahía o Río de Janeiro, por poner solo un ejemplo.

Lo fundamental: si decides ir sola, cambia el ‘chip’, no te descuides ni te fíes de todo el mundo, piensa en ti, protégete y disfruta. Si desistes, que sea por una causa de fuerza mayor…

En cualquier caso, voy a intentar organizar mis razonamientos por si os sirve. Si tenéis más motivos, para bien o para mal, os agradecería que los compartiéseis con todos al final del texto en los comentarios.

MOTIVOS PARA VIAJAR SOLA A BRASIL:

– Brasil es un país que merece la pena descubrir. A veces no viajamos porque no tenemos compañía. Amigos, pareja, familiares… coordinar las agendas, los presupuestos y los gustos de tu entorno es difícil. Si te cuesta encontrar a alguien que te acompañe pero siempre has tenido la ilusión de conocer el país, ¡haz la maleta!

– Reforzará tu autoestima y espíritu independiente: no es lo mismo ir sola a París que a cualquier ciudad de Brasil, te lo aseguro. Las pequeñas dificultades rutinarias se multiplicarán en función del destino elegido y tendrás que superar pequeños contratiempos que podrían verse agravados por el idioma. Cada listón que superes te dará fuerza y entonces serás consciente de que en muchísimas ocasiones es mejor depender de ti misma que confiar tu felicidad a los demás.

– Mejor sola que… En español siempre decimos que es mejor estar sola que mal acompañada. Exactamente. Y más en Brasil, un país lleno de personas amables, acogedoras, generosas, alegres, abiertas, hospitalarias… No necesitas una mala compañía solo por estar con alguien que quizá en lugar de ayudar acabe dándote más problemas.

– La espiritualidad brasileña es la mejor medicina. Si no estás pasando por un buen momento, o necesitas encontrar tu camino, y crees que un viaje a Brasil podría ayudarte, no te has equivocado. La idiosincrasia brasileña, la espiritualidad y la alegría de un pueblo que supera cada día infinidad de dificultades te harán sentir que todo siempre puede ser más fácil. Seguramente no te haga falta un psicólogo y tampoco ansiolíticos adictivos, solo tienes que comprar el billete y dejarte curar 😉

 

– Apreciarás cosas que solo puedes valorar estando sola. Cuando viajas con alguien tienes que adaptarte a lo que diga la mayoría, ver lo que quieren los demás que veas, ceder a la hora de elegir un restaurante, de escoger la ruta del día, acoplarte a los horarios comunes… Cuando viajas sola eres la dueña de ti misma. Si no quieres comer, no comes, si no quieres ver museos, no los ves… Te quedarás donde quieras y con quien quieras, sin prisas, sin presiones y, sobre todo, sin tener que dar explicaciones a nadie. La libertad es el bien más preciado del hombre, ¡sin duda! Sola podrás valorar las pequeñas cosas que la compañía, en muchos casos, no te deja ver.

– Te conocerás más a ti misma. Esto en Brasil o en cualquier lugar, pero especialmente en Brasil donde las costumbres son distintas y tus convenciones, si son europeas, se quedarán a este lado del planeta. Te preguntarás constantemente ¿por qué no? o ¿por qué sí? Decidirás sobre la marcha y decidirás bien porque será tu propia elección. Tú, tú y nada más que tú…

Tomando el sol en la Segunda Praia de Morro de São Paulo (Bahia). Foto: Virtudes Sánchez

Tomando el sol en la Segunda Praia de Morro de São Paulo (Bahia). Foto: Virtudes Sánchez

 

– Cambiará tu vida. Después de viajar sola a Brasil y volver sana y salva, verás las cosas desde una óptica mucho más positiva. Relativizarás los problemas, la palabra ‘relaxa’ entrará a formar parte de tu vocabulario y tendrás un don que jamás nadie podrá robarte: te quedarás con lo que te hace bien y apartarás rápidamente aquello o aquellos que te quitan energía 🙂

MOTIVOS PARA NO VIAJAR SOLA A BRASIL:

– Si eres una persona insegura, no vayas sola. Ir sola a Brasil, por mucho que te digan que no es peligroso, siempre tiene su pequeño riesgo que será más pronunciado en el caso de que no sepas hablar portugués o no tengas nociones básicas de cómo es la vida y la gente local. Coger un avión con miedo es lo peor. Yo lo hice la última vez, pero hay que tener en cuenta que ya conocía el país y tenía todo organizado para no verme con una mano delante y otra detrás en ningún momento. Si no es tu caso, quizá sea mejor esperar. El miedo se huele y puede darte problemillas. Una solución podría ser tratar de hacer contactos desde tu país.

– Si no tienes recursos para solucionar posibles contratiempos, piénsatelo dos veces. Como he dicho al comienzo de este artículo, nada es blanco o negro y todo depende de la persona y sus circunstancias. En las mías, no habría ido a Brasil si no hubiese tenido un dinerillo ahorrado que podría usar en el caso de verme en dificultades. Es decir, ir sola y con lo justo podría limitarte y crearte inseguridades. Si, en cambio, tienes un colchón al que acogerte en el caso de que tengas que cambiar de planes sobre la marcha, te sentirás mucho más libre.

– Las violaciones en Brasil son cada vez más numerosas. Esto es una realidad. Si bien es cierto que las principales víctimas son las propias mujeres brasileñas, las turistas también han sufrido abusos que han dado la vuelta al mundo. No es que te vayan a violar en un sitio público o te vayan a manosear en la calle (aunque en el metro sí es posible). Nada de eso. Todo es mucho más discreto. Tendrías que estar alerta de quien hay delante y detrás de ti siempre y, por supuesto, evitar caminar por la noche sola (yo lo he hecho muchas veces y ya me he llevado algún susto).

También deberías desconfiar de aduladores, especialmente si son cariocas (¡¡¡lo siento amigos!!!) El arte está en saber distinguir. Te encontrarás con hombres que quieran aprovecharse de ti y con otros que te ayudarán y protegerán muy amablemente. Siempre digo esto, pero es que es una diferencia enorme. Cuando hablo de ‘proteger’ puede parecer machista, es verdad. Pero hay una cosa indudable en Brasil: las mujeres acompañadas tienen muchas menos posibilidades de ser asaltadas o violadas que si van solas. Es así queridas… Cuanto antes lo asumamos, mejor 😉

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